Solo Cuentos

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A las 11 y 30 de ese mediodía del jueves se tiene que casar. Pero él ha resuelto llevar todo hasta el extremo, todo hasta los últimos detalles: ropa, preparativos de la fiesta, compromisos de viaje de bodas, participaciones a amigos y familiares, elección de regalos. Y a último momento, cuando ella esté con su vestido blanco, su ramo de flores en la mano, el padre trajeado con sus mejores galas, el sacerdote haciendo las clásicas preguntas: “ Acepta por esposa a...”, estar allí, él también con su ropa impecable, su pelo perfectamente engominado, y contestar simplemente: “ No, no porque me ha sido infiel ”, y después pegar media vuelta y salir de la iglesia dejando a todos con la boca abierta, y a ella, especialmente a ella, plantada, ridícula, con el casamiento por civil de media hora después sin realizar.
Ahora son las 10 y 15 de la mañana, hace una hora que ha comenzado, se viste, se desviste, se vuelve a vestir al fin resuelto, y comienza a disfrutar el sabor de la venganza imaginando una y otra vez las escenas finales.
A la 11 y 15 el taxi va a llegar, lo tiene pedido para esa hora, va a ser puntual, va venir a la hora prevista, todo debe parecer normal, nadie debe sospechar ese final, ni siquiera su madre, a pesar de que se las arregla para adivinarlo todo, ni siquiera ella, porque sería la primera en forzarlo a desistir, ella, que tendrá que ser testigo de eso que va a ocurrir y fue elegida hace tiempo madrina de la boda, y que saldrá rumbo a la iglesia a la misma hora que él, aunque de su propia casa.
Sus zapatos brillan, la tela de su traje está impecable, su camisa es de un corte perfecto, su corbata está allí, sobre la silla, y su pelo aún sin engominar. Sólo eso le falta. Pero la ansiedad es grande: “Vos quedate tranqui, aunque el trago es amargo hay un placer que no podés perder, distinto si todo hubiera pasado mucho antes, pero justo a quince días de la fecha fijada... eso no se lo voy a perdonar, calculá, si en estos momentos me mete los cuernos, qué se puede esperar más adelante “.
En el baño, mientras trata de peinarse, o de hacerse el nudo de la corbata, la ansiedad crece; va a pasar diez minutos haciendo y deshaciendo el nudo, preparándose para el peinado y volviéndose a despeinar, disconforme con el resultado.
Como todavía es temprano, porque son ahora las 10 y 30 de la mañana, sabe que le sobra tiempo para un cafecito, y pone la cafetera a calentar. Pero se va distraer rumiando cosas, yendo y viniendo del baño al comedor, repasando hechos que quisiera apartar del pensamiento. “La venganza es el placer de los dioses”, va a decirse, como si se le hubiera ocurrido una frase novedosa. “Esto queda para las 11 y 30 de la mañana”, insiste, pero en el fondo no está conforme. Un hormigueo le sube por los talones, va ganando las pantorrillas, y se siente incapaz de frenarlo. Sabe que después de consumado el hecho, sólo quedará el recuerdo, un triste recuerdo, y la sensación de que más de uno le va a desear lo malo, todo lo malo que se le pueda desear a otra persona. Y vuelve a la cocina y ve que el café está hirviendo a borbotones, y son exactamente las 10 y 43. El aire del verano está a esa hora caliente, es inútil abrir la ventana. Pero los bigotes le transpiran. Pone en marcha el ventilador. Mientras tira el café y lava la cafetera, decide que lo mejor es algo fresco de la heladera.
“Ver Nápoles e dopo morire”, se le ocurre, pero también: “ El que no afana es un gil, y el que afana va en cana”, y “Al que madruga Dios lo ayuda... a despertarse”, y por último: “Levántate temprano y amanecerás... cansado”.
No está contento, más bien triste, como el desenlace que tiene previsto, y hasta las 11.00, cuando falten sólo quince minutos para la gran salida, el tiempo se le va a ir repasando hechos aborrecidos, imaginando una y otra vez a su novia en brazos del desconocido, por suerte sólo imaginado, ya que todo lo que pudo ver es la salida de ambos del hotel.
Ya son las 11.05, al fin pudo ponerse la corbata, ese aditamento que considera arcaico. Su pelo luce lustroso y aplastado, sólo le falta ponerse el saco y saldrá, pero no, mejor será llevarlo en la mano y esperar a última hora para librarse del calor del verano. Son las 11y 10 y le quedan cinco minutos para salir, y entonces regalarse el gran momento, el momento que hace quince días viene planeando, la hora de la dulce venganza. Pero esos cinco minutos se le hacen interminables, y no sabe qué hacer, y el hormigueo ya lo siente en la espalda, y sospecha que pronto llegará a la nuca y a los hombros. Y entonces ve, mientras aparta la mirada nerviosa del reloj, una foto de ella que asoma bajo otros papeles del escritorio, y duda, vacila, todavía la quiere... no es fácil vivir estos acontecimientos y los que vendrán, lo sabe. Rompe esa foto. Las otras ya han sido quemadas. Pero se le ocurre... “¿Y después qué?” Su cuerpo se relaja, comprende que si la perdona podrán iniciar una vida a todas luces nueva, sobre la premisa de que lo sucedido nunca más volverá a ocurrir. Sí, mejor no actuar apasionadamente, mejor elegir, de dos caminos, el que lleve a un buen final. Porque seguro que viene un buen final, como estar felizmente casados, tener hijos, una gran familia. Todo eso es posible si no se deja tentar por un paso en falso.
Son las 11 y 14, “No hay plazo que no se cumpla...” se le ocurre en los últimos instantes, haciendo un esfuerzo para minimizar el hormigueo de su cuerpo; las piernas le pesan, las manos le tiemblan, y entonces se decide.
A través de la ventana ve llegar el auto, son exactamente las 11 y 15. Baja, cierra las puertas y se deja llevar por una extraña calma. No va a proceder como lo había planeado, sería ir demasiado lejos. No tiene cara para semejante final. Da la orden al conductor de hacer cierto recorrido. Salen de la ciudad, entran a zonas abiertas, llegan a un aeródromo, es mediodía, exactamente las 12.00hs. Indica al taxi aéreo, sobrevolar la parroquia, alcanza a ver el grupo de gente que sale comentando, y más atrás, su novia, llorosa y desencajada, de brazos caídos.

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1 comentario

manuc Comentario por manuc el julio 12, 2009 a las 7:54pm
Hola Roberto..todo bien..pero el tiempo con que jugas es tan limitado. La decisión primera era la válida.
Al reconocer su cobardía ..es un buen cornudo!!..Tal vez aceptara que la perdone..Pero el final flaquea ..puede ser el taxi aéreo..
Saludos
manuc

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